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Embarazo e infecciones congénitas por parásitos

Se consideran infecciones congénitas de origen parasitario aquellas que se producen por la transmisión de parásitos viables de una embarazada infectada al feto y que persisten en el recién nacido tras el parto.

La transmisión puede ocurrir antes del parto (transmisión in utero o prenatal) o durante el parto (transmisión perinatal). Con esta definición quedaría excluida la transmisión postnatal de parásitos (por ejemplo, mediante lactancia materna), la transmisión de parásitos no viables, ADN del parásito u otras moléculas de origen parasitario presentes en la circulación materna y que podrían detectarse en la sangre fetal.

Los parásitos que se pueden transmitir por vía congénita son principalmente protozoos (Toxoplasma gondii, Trypanosoma cruzi y Plasmodium sp. y menos frecuentemente Trichomonas vaginalis, Trypanosoma brucei, y Leishmania sp.) La transmisión de helmintos por esta vía es excepcional en humanos.

Toxoplasmosis

La toxoplasmosis congénita suele ocurrir por la transmisión de T. gondii en mujeres que se han primoinfectado durante la gestación (es rara en mujeres infectadas crónicamente que han adquirido la infección antes del embarazo, salvo en el caso de la co-infección con el VIH).

La toxoplasmosis aguda materna no siempre produce infección en el feto: a nivel global las tasas de transmisión materno-fetal se sitúan aproximadamente entre un 20-30%. Estas tasas varían además según la edad gestacional siendo la transmisión más baja si la infección materna se adquiere durante el primer trimestre (tasa de transmisión estimada <6%), aumentando a un 22-40% en el segundo trimestre y hasta un 70% si la madre se infecta en el tercer trimestre.

Sin embargo, como ocurre en la mayoría de las infecciones congénitas, si la transmisión materno-fetal ocurre en el primer trimestre el riesgo de enfermedad grave en el feto es mayor.

La incidencia de la toxoplasmosis congénita varía según el área geográfica (desde <1 por 10.000 nacimientos en países como Austria, Noruega y Suecia a 3-10 por 10.000 nacimientos en países como Brasil, Francia e Italia). Se ha objetivado una tendencia a la disminución en la prevalencia de infecciones por T. gondii y por lo tanto de la incidencia de la toxoplasmosis congénita en Europa y EEUU. Esto podría ser debido a un aumento en el consumo de carne previamente congelada puesto que la congelación destruye los parásitos viables.

Enfermedad de Chagas

La transmisión congénita de la enfermedad de Chagas por T. cruzi puede ocurrir tanto durante la fase aguda de la infección materna como durante la fase crónica. Sin embargo, la mayoría de los casos de infección congénita ocurren en neonatos de madres en la fase crónica de la enfermedad. Se estima que en las Américas aproximadamente 2 millones de mujeres en edad fértil están infectadas por T. cruzi. Las tasas de transmisión materno-fetal varían (de <0,1% a 12%) según la zona geográfica. El aumento de las migraciones a nivel mundial además aumenta la posibilidad de diagnosticar casos de enfermedad de Chagas congénita en zonas no endémicas.

Malaria

La incidencia reportada de la malaria congénita en zonas endémicas de África y Asia es muy variable y esto podría ser debido en parte a la técnica y a la muestra utilizada para el diagnóstico (estudio microscópico o PCR en sangre de cordón versus sangre periférica del neonato). De esta manera la mayoría de los estudios que notifican tasas altas de transmisión materno-fetal (entre 30-55%) se han realizado en sangre de cordón mientras que otros estudios con tasas de transmisión mucho más bajas (incluso <0,5%) se realizaron en muestras de sangre periférica neonatal. Esto además sugiere que parte de los eritrocitos infectados se eliminan de forma rápida de la sangre del neonato.

Se han notificado casos de malaria congénita por P. falciparum y con menor frecuencia por P. vivax, P. malariae y P.ovale.

Enfermedad del sueño

Aunque son infrecuentes, se han descrito casos de transmisión materno-fetal de la enfermedad del sueño por Trypanosoma brucei gambiense y T. b. rhodesiense.

Se postula que esta transmisión ocurre principalmente durante la primera fase (linfática) de la tripanosomiasis africana puesto que la segunda fase (neurológica) se asocia con alteraciones endocrinológicas que pueden producir amenorrea e infertilidad. No se han realizado estudios sistemáticos de prevalencia en zonas endémicas y por lo tanto se desconocen las tasas de transmisión materno-fetal aunque se sospecha que esta pueda ser una infección infra-diagnosticada.

Leishmaniasis

No existen estudios sistemáticos de transmisión vertical de la leishmaniasis visceral y la mayoría de casos confirmados se han dado en lactantes infectados sintomáticos nacidos en zonas no endémicas de madres infectadas.

Trichomoniasis

Se han descrito casos aislados de infecciones vaginales, del tracto urinario, nasales y respiratorias de trichomoniasis por Trichomonas vaginalis en neonatos de madres infectadas por este protozoo.

Helmintos

Aunque raramente se han hallado larvas de helmintos y huevos de Schistosoma sp. en la placenta de mujeres infectadas, la transmisión congénita de helmintos es muy infrecuente. Se han descrito casos aislados de paso transplacentario de microfilarias de Onchocerca volvulus y de Wuchereria bancrofti.

La transmisión materno-fetal de parásitos en humanos suele ocurrir por vía hematógena transplacentaria. La transmisión probablemente ocurre durante el segundo y tercer trimestre puesto que la circulación materna queda completamente establecida en toda la placenta a partir de la semana 12 de la gestación. La ausencia de malformaciones en neonatos con infecciones congénitas de origen parasitario también sugiere que la transmisión de los parásitos no ocurre habitualmente durante las fases tempranas de organogénesis.

En algunos casos se postula que la infección puede ocurrir por otros mecanismos como por transmisión desde el líquido amniótico infectado, por transmisión trans-uterina o por transmisión local directa en el canal del parto en el caso de T. vaginalis.

Manifestaciones Clínicas

Las infecciones congénitas de origen parasitario son infecciones agudas que con frecuencia son asintomáticas al nacimiento. Se estima que el 85-90% de los casos de toxoplasmosis congénita, el 55-90% de los casos congénitos de infección por T. cruzi y la mayoría de los casos de malaria congénita en países endémicos, cursan de forma asintomática.

Las manifestaciones clínicas pueden aparecer días a semanas después en algunos de los casos. Los síntomas y signos asociados a las infecciones parasitarias congénitas son similares a las de otras infecciones congénitas como las infecciones por CMV y virus Herpes.

Algunos neonatos infectados pueden tener por lo tanto fiebre, bajo peso al nacer, hepato-esplenomegalia, ictericia, neumonitis y pueden nacer de forma prematura. Los casos de malaria congénita se pueden asociar a anemia hemolítica, y todas las infecciones parasitarias congénitas se pueden asociar con trombopenia y púrpura. La toxoplasmosis y la enfermedad de Chagas congénitas pueden producir afectación del SNC produciendo meningoencefalitis y convulsiones. Las calcificaciones cerebrales y la hidrocefalia se asocian principalmente con la toxoplasmosis congénita, al igual que la afectación ocular (corioretinitis).

La afectación cardiaca es más típica de la enfermedad de Chagas congénita, que puede debutar con datos de miocarditis aguda (con alteraciones del ritmo cardiaco y cardiomegalia, como ejemplo). Tanto la toxoplasmosis congénita como la enfermedad de Chagas congénita pueden producir secuelas y/o enfermedad crónica si no se tratan..

Bibliografía

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  • Carlier Y, Truyens C, Deloron P, Peyron F. Congenital parasitic infections: A review. Acta Tropica 2012; 121: 55-70.
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  • Norman FF, López-Vélez R. Mother-to-child transmission of Trypanosoma cruzi infection (Chagas disease): a neglected problem. Trans R Soc Trop Med Hyg 2014; 108 (7): 388-90.
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    Toxoplasmosis y embarazo

    Toxoplasma es un parásito de la familia de los protozoos, que se reproduce en el gato pero se transmite por la ingesta de verduras mal lavadas, carne cruda o por contacto directo con las heces de gato infectado.

    La infección en adultos se manifiesta como una gripe común. Las embarazadas deben realizarse una analítica en el primer trimestre para saber si se ha pasado la toxoplasmosis con anterioridad. Si se ha pasado, el riesgo de transmisión al feto no existe. Si no se ha pasado, se debe repetir la analítica cada trimestre.


    La incidencia de infección congénita es muy variable según países (En España por ejemplo suele ser menos de 1 caso por cada 1000 embarazos)

    El riesgo de infectar al bebe y la gravedad de la infección dependerá de los meses de gestación en se encuentre la gestante. Una infección al principio del embarazo es más grave que si ocurre al final, sin embargo es menos probable transmitir la enfermedad al feto al principio del embarazo.

    La toxoplasmosis congénita no suele dar síntomas al nacimiento. Los casos graves pueden ocasionar lesiones neurológicas, siendola la afectación más frecuente la alteración de la visión. Existen pruebas que estudian la posible infección al feto, tanto en sangre materna, líquido amniótico como ecográficas que se deben hacer cuando hay sospecha de infección fetal. Existe además un tratamiento médico para la madre, que cuando está indicado, disminuye la afectación fetal.

    Toda mujer embarazada que no haya pasado la toxoplasmosis debe seguir las siguientes medidas higiénico-dietéticas:

  • Lavado y pelado de verduras y hortalizas que se vayan a consumir crudas
  • Lavado de manos después de realizar trabajos de jardinería o uso de guantes
  • No comer carne cruda o poco hecha
  • No comer embutidos poco curados, sobre todo si son caseros (La congelación de los embutidos a más de -18ºC durante 24 horas destruye el parásito)
  • Si se tiene gato, no darle de comer carne cruda, evitar que salga a la calle y no cambiarle la arena de las heces




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