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El regreso después del viaje

La planificación de un gran viaje debería considerar también la vuelta y como reducir el impacto de que llegue a su fin. Se debe ser consciente de lo que espera al volver para suavizar el impacto. Pueden ser necesarios unos días para facilitar la adaptación antes de volver a la rutina y horarios.

Estar de nuevo en casa tiene muchos aspectos reconfortantes (ver a la familia, amistades, comer la comida de siempre, sustituir la maleta por el armario, la comodidad del hogar...) Todo pasa a ser más cómodo, fácil y natural.

Sin embargo, es posible que tras un breve periodo de euforia aparezcan sentimientos de extrañeza frente a un lugar que antes era el habitual. Las experiencias, emociones y sensaciones vividas pueden provocar la impresión de que en el antiguo entorno, pareciera que todo se hubiese parado.

Además, regresar supone volver a adaptarse a las normas, convencionalismos y la manera de funcionar anterior. Problemas olvidados vuelven a salir a la luz, reaparecen las preocupaciones cotidianas... y tantas otras cosas que pasaron a otro plano al partir de viaje.

Cada persona tiene un ritmo diferente de recuperación, el adaptarse de nuevo a la vida cotidiana puede llevar tanto tiempo como duró el viaje. Es recomendable darse un poco de margen para aterrizar.

Si habías hecho una lista de las cosas que te llevaste en tu equipaje, a la vuelta comprueba qué es lo que no has utilizado y las cosas que has echado de menos: te servirá para preparar el próximo viaje mejor y más rápido


Es importante que el viaje no termine con el regreso a casa. Mantener contacto con las amistades creadas durante la ruta, leer libros sobre los países visitados, prestar ayuda de alguna manera (a través de organizaciones o proyectos sociales locales), recordar las comidas típicas, estudiar el idioma, incluso apuntarse a alguna comunidad de trotamundos ...

No es de extrañar que a la vuelta cueste más relacionarse con familiares y amigos, o que resulte difícil compartir la experiencia con ellos, más cuando la sensación de no ser la misma persona tras el viaje se ha instalado dentro del viajero, cambiando la manera de ver las cosas.

El regreso sin duda es un momento de reflexión para pensar en lo experimentado y asimilar las innumerables vivencias, momentos especiales, anécdotas sucedidas. Una forma de mantenerlo vivo en la memoria es compartir la experiencia, además puede resultar de gran ayuda a otras personas.

Puede ser momento de ilusionarse e iniciar proyectos, aprovechar las energías, ganas de hacer cosas y el impulso de creatividad que surgen tras un viaje. Sobre todo, no se debe perder ni olvidar el espíritu viajero. Aprovechando la curiosidad y las ganas de explorar que seguro ha despertado el viaje para redescubrir lo que nos rodea.

¿Cómo ha sido tu regreso? ¡Cuéntanos!



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