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Triquinosis




Agente infeccioso: Parásito.Nematodo.Aphasmidia: Trichinella spiralis (ocasionalmente T. nativa, T. britovi, T. pseudospiralis, T. nelsoni, etc).

Distribución geográfica: Los casos de triquinosis se han detectado en todo el mundo, pero son particularmente comunes en Europa y Estados Unidos (también en las tribus de las montañas del norte de Tailandia). Las últimas epidemias se han producido en Argentina, Canadá, Francia, Groenlandia, Italia, Letonia, Federación rusa, Turquía (2005). En el año 2006 en Alemania, Laos y Federación Rusa.

Ciclo biológico: El reservorio son los carnívoros salvajes, omnívoros y mamíferos marinos, como el cerdo, el oso, el oso polar, el zorro, la rata, el caballo, el león, mamíferos marinos del Ártico. El vehículo de transmisión es la ingestión de la carne poco cocinada, usualmente de cerdo, la cual contiene quistes de Trichinella spiralis. Cuando la cápsula del quiste es digerida en el estómago o el duodeno, libera larvas que atraviesan la pared del intestino delgado hacia el torrente sanguíneo y linfático. Estos parásitos tienden a invadir los tejidos musculares (ojos, lengua e intercostales), incluyendo el corazón y el diafragma, y también pueden afectar los pulmones y el cerebro. No hay transmisión directa entre personas.

Período de incubación: De 10 a 20 días (rango de 1 a 10 semanas).

Clínica:

Mortalidad aproximada por la infección sintomática es de 2%.

Período de incubación: La sintomatología se presenta de tres a treinta días después de haberse contraído la infección; lo habitual es su aparición entre el octavo y decimoquinto día posteriores al día en que se consumió la comida infectante. Existe un grupo de infectados con pequeñas molestias (gripe), otro es asintomático, como se ha demostrado mediante las autopsias.

Período de invasión: Dos tercios de los enfermos presentan un síndrome infeccioso de intensidad variable, caracterizado por fiebre y sensación febril, malestar general, cefalea y astenia. Le siguen, en frecuencia, los síntomas oculopalpebrales, el más importante de los cuales es el edema palpebral, que se caracteriza por ser bilateral, simétrico, indoloro, de aparición brusca y de duración variable entre varios días y algunas semanas. Un signo ocular de alto interés por su constancia es la inyección conjuntival del ángulo externo del ojo. Los enfermos, generalmente, se quejan de la sensación de cuerpo extraño o de arenilla en los ojos. Los síntomas gastrointestinales no son tan frecuentes, durante este período sólo un tercio de los pacientes presentan dolores abdominales difusos y signos de gastroenteritis. En resumen, los síntomas y signos de inicio de la enfermedad más destacados son la fiebre, el edema palpebral y la inyección conjuntival.

Período de estado: En este período se acentúa o aparece el síndrome infeccioso, ya que el 95% de los enfermos presenta fiebre de magnitud variable y la sintomatología propia de este síndrome. Además, aparecen mialgias, desencadenadas especialmente con los movimientos (respiración, masticación, deglución, deambulación, etc.) Los síntomas oculopalpebrales son más frecuentes (67%) que al inicio de la enfermedad y la mitad de los enfermos tiene síntomas gastrointestinales (dolor abdominal, estado nauseoso y vómitos, constipación y/o diarrea). Con alguna frecuencia, suelen presentarse manifestaciones cutáneas, tales como rash escarlatiniforme, dermografismo, prurito, etc., que aparecen y regresan rápidamente.

Complicaciones importantes son la miocarditis y la encefalitis que son cuadros infrecuentes, que se explican por un grave proceso inmune y no por la acción directa de la T. spiralis sobre esos órganos, ya que el parásito no se enquista ni en el miocardio ni en el sistema nervioso. En síntesis, en el período de estado la triquinosis, los síntomas infecciosos, los oculopalpebrales y las mialgias son los más llamativos desde el punto de vista clínico. Si bien es cierto que los síntomas gastrointestinales adquieren jerarquía en este período, siguen ocupando un lugar secundario en cuanto a su frecuencia.

Diagnóstico:

Biopsia de tejido muscular realizada después de la cuarta semana de infección, puede revelar la presencia de larvas o quistes.
- El parásito rara vez se encuentra en las heces, la sangre o el LCR.
- Analítica: Leucocitosis variable. Eosinofilia a partir de la 2ª semana. Aumento de la CPK. Serología.

Tratamiento:

Albendazol 400 mg v.o. /12h/14d. O Mebendazol 200 a 400 mg v.o. /8h/3 d, continuar con 400 a 500 mg v.o. /8h/10 días. Añadir prednisona 50 mg v.o. diariamente/3-5 días (continuar con pauta descendente) en el caso de miositis o miocarditis importante y dado el peligro que supone la brusca liberación masiva de antígenos provenientes de las larvas destruidas. Uso por su efecto antiinflamatorio y antialérgico. En los niños: Tiabendazol 22 mg/kg/12h/7d con prednisona. No hay un tratamiento específico para la triquinosis una vez que las larvas han invadido los músculos. El albendazol puede actuar sobre las formas intestinales, pero no sobre las formas musculares. Los analgésicos pueden aliviar el dolor muscular. Durante la fase intestinal de la infección, puede que esté indicado el uso de medicamentos que actúen sobre los gusanos adultos y sobre las larvas en desarrollo; especialmente, podrían ser de utilidad los derivados benzmidazólicos. Generalmente, las personas afectadas de triquinosis se recuperan completamente.

Prevención y control: Las carnes de cerdo y de animales salvajes deben cocinarse completamente. La carne tratada por métodos como ahumar, secar y salar la carne no son fiables para prevenir esta infección. La triquinosis se evita cocinando completamente la carne de cerdo y derivados además de otras carnes.

Alternativamente, las larvas pueden ser eliminadas al congelar la carne a –15 °C durante 3 semanas o a –20 °C durante un día. Sin embargo, las larvas de los mamíferos del Ártico, aparentemente, son capaces de soportar temperaturas más bajas. Se debe fomentar la profilaxis para evitar la infección, tanto del cerdo como del hombre. No precisa aislamiento ni inmunización de los contactos. Se debe investigar a los contactos y la fuente de infección.

Prevención de la infección del cerdo. Mediante una crianza higiénica, en porquerizas bien construidas, limpias y alejadas de basuras y ratas. Adoptar leyes y reglamentos adecuados que obliguen a la cocción de basura y desperdicios crudos antes de darlos a los cerdos. Esto constituye la medida profiláctica fundamental para la prevención de la triquinosis.

Prevención de la infección del hombre. Centralizar la matanza en establecimientos sujetos a la inspección de las carnes por parte de personal técnico cualificado. Educar a la población sobre la necesidad de cocer toda la carne fresca de cerdo y sus derivados, y la de animales salvajes, a una temperatura y por un tiempo suficientes para que todas las partes lleguen a 71 ºC por lo menos, o hasta que el color de la carne cambie de rosado a grisáceo, con lo cual se obtendrá un margen de seguridad suficiente. Las medidas anteriores deben practicarse a no ser que se haya demostrado que los productos mencionados fueron preparados por calor, refrigeración o radiación adecuados hasta eliminar las triquinas. La carne de cerdo debe molerse en un molino separado, o este se debe limpiar minuciosamente antes y después de usarlo para otras carnes. Adoptar reglamentos que aseguren la elaboración adecuada de los derivados de la carne de cerdo por medio de radiación. Adoptar y aplicar medidas que permitan usar solo carne certificada sin triquinas. Mantener temperaturas de congelación en toda la masa de la carne infectada es eficaz para inactivar las triquinas; Estas temperaturas no inactivarán las cepas árticas resistentes al frío (T. nativa) que se encuentran en la carne de morsa y de oso, y rara vez en la de cerdo. La exposición de los trozos de cerdo o del animal en canal a radiación gamma de bajo nivel esteriliza eficazmente las larvas de triquinas enquistadas, y en dosis mayores las destruye. Notificación obligatoria a las autoridades locales, clase 2.

Los quistes que contienen las larvas infecciosas son ingeridos a través de alimentos poco hechos y contaminados (generalmente carne de cerdo). Los jugos gástricos del estómago disuelven los quistes y liberan las larvas en el intestino, donde se transforman en parásitos adultos y se reproducen, pasando de larvas de nuevo a la sangre. Esta generación de larvas forma quistes en los músculos y causan la mayoría de los síntomas.

Los quistes se eliminan al cocinar la carne (a más de 65ºC), al congelarla a una temperatura de -27ºC durante 36 horas o al asarla en el microondas. Los quistes persisten al salarla, ahumarla, escabecharla o al aplicar otros métodos de conservación.

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