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Loa Loa




Loa Loa

  • Patógeno: gusano nematodo Loa loa (Familia Onchocercidae; Orden Spiruroidea).
  • Distribución: África occidental: de Guinea a Angola y desde el Golfo de Guinea hasta Uganda.
  • Mecanismo de transmisión: picadura de mosquitos del género Chrysops infectados con la larva.
  • Clínica: prurito en tronco, cabeza y extremidades superiores, edema, eosinofilia y presencia del gusano en la conjuntiva.
  • Diagnóstico: observación directa y tinción de Giemsa de las microfilarias en sangre.
  • Tratamiento: extracción del gusano mediante cirugía junto al empleo de dietilcarbamazina o albendazol.
  • Prevención: evitar las picaduras del insecto mediante uso de repelentes, mangas largas y pantalones largos, así como evitar zonas húmedas y sombrías de ríos.



  • Loasis, infección conocida por la presencia del parásito a nivel ocular, está producida por el gusano Loa loa. Se transmite a través de las picaduras de tábanos o moscas de los manglares pertenecientes al género Chrysops. Es una parasitosis endémica en África occidental, estando presente principalmente en países como Camerún, Guinea Ecuatorial, Nigeria, Gabón, República Centroafricana, y Angola, entre otros, y en donde la infección representa la tercera causa de consulta médica y la tasa de infestación puede superar el 20% de la población. El reconocimiento de la infección producida por Loa loa se ha convertido en un indicador importante debido a que ha limitado los programas de control y erradicación de la oncocercosis.

    La loasis es una enfermedad parasitaria producida por el nematodo Loa loa que afecta exclusivamente a la especie humana, en la que genera una filariosis cutánea. Las hembras miden entre 5-7 cm de longitud con 0,5 mm de diámetro, mientras que los machos miden de 3 a 4 cm de largo por 0,4 mm de ancho. Las formas adultas alcanzan la madurez a los tres meses de haber penetrado en el hospedador, y pueden llegar a vivir en el tejido conjuntivo subcutáneo de 4 a 17 años.

    El primer caso conocido se remonta a finales del siglo XVIII, por el cirujano francés Mogin, que describió a la filaria desplazándose a través del ojo de una paciente en Santo Domingo, y relata cómo, a pesar de sus intentos de extraer el gusano, la operación concluyó sin éxito. No obstante, la infección ya era conocida en las colonias americanas debido al intenso comercio esclavista con la zona de África Occidental. Muchos esclavos padecían esta enfermedad, y fueron objeto de diversas cirugías que en la mayoría de los casos finalizaron en fracaso y con el consiguiente desarrollo de oftalmia.

    La transmisión se produce por la picadura de un tábano perteneciente al género Chrysops. Los tábanos se infectan cuando se alimentan de la sangre de una persona infectada. La transmisión de la larva en el hombre se produce a través de la lesión de la picadura y migran hacia el tejido conjuntivo subcutáneo, donde evolucionarán a individuos adultos. Las hembras grávidas producen las microfilarias que se desplazan por la sangre periférica. La infección se relaciona con episodios de localización de la microfilaria en la conjuntiva ocular y también con manifestaciones edematosas locales conocidas como “edema de Calabar”.

    Los viajeros tienen más probabilidades de infectarse si permanecen en zonas endémicas durante varios meses o años. No obstante, también pueden infectarse, incluso si se encuentran en la zona durante menos de 30 días

    Epidemiología:

    La parasitosis producida por Loa loa se localiza fundamentalmente en África occidental. La infección está mediada por un vector muy abundante en zonas selváticas, lo que determina su distribución geográfica. La presencia de Loa loa va desde Guinea hasta Angola, adentrándose hasta Uganda, siendo poco frecuente en la región comprendida al norte del Golfo de Guinea, aunque se han descrito casos en esta área, al igual que en Etiopía, Zambia o Sudán. El número de afectados oscila entre 3 y 14 millones. Existen áreas con una tasa de infección muy elevada, y donde más del 40% de sus habitantes han sufrido la infección. En otras áreas la tasa de infección se sitúa entre el 20 y el 40%. Puntualmente, pueden localizarse poblados con un 100% de afectados.



    Patogenia (Mecanismo de transmisión):

    Clínica:

    Tras un período de incubación de tres meses de duración aparecen diferentes signos y síntomas como eosinofilia y prurito. El edema de Calabar, signo característico de la infección consiste en un angiodema migratorio y transitorio, de unos 10 cm de diámetro que persiste de 2 a 4 días. La presencia del gusano en la conjuntiva se caracteriza por sensación de cuerpo extraño, inyección conjuntival, fotofobia, lagrimeo y edema palpebral. Hay reptación subcutánea de las formas adultas con la aparición de hormigueo desagradable o prurito localizados y de un cordón subcutáneo, serpenteante, palpable, móvil, que se desplaza a razón de un centímetro por minuto.

    El cuadro clínico se puede complicar con alteraciones renales, cardiacas, neurológicas, pulmonares y oculares como uveítis posterior que puede ocasionar ceguera.

    Evolución:

    La infección en raras ocasiones produce la muerte. Durante la intervención quirúrgica se debe evitar la ruptura accidental del gusano ya que podría producir reacciones alérgicas severas.

    Diagnóstico:

    El diagnóstico está basado en la realización de exámenes microscópicos directos, y tinción de Giemsa de muestras sanguíneas, con el fin de visualizar las filarias. Debe plantearse ante cualquier paciente sintomático con una prolongada estancia en una zona endémica.

    Tratamiento:

    El tratamiento de loasis es complejo y debe estar siempre supervisado por especialistas en este tipo de infecciones tropicales. La extirpación quirúrgica de los gusanos adultos durante la migración es un tratamiento eficaz, pero siempre asociada a medicamentos antiparasitarios para alcanzar una curación completa. Dietilcarbamazina es el fármaco de elección para el tratamiento de loasis. Otra posibilidad es albendazol dos veces al días durante 21 días también es un tratamiento efectivo. El empleo de antihistamínicos o corticosteroides puede ser útil para el tratamiento de prurito o edema de Calabar durante la primera semana de tratamiento.

    Prevención:

    En la actualidad no existen programas para el control o eliminación de loiasis de las zonas afectadas, aunque el riesgo de infección puede ser menor en las zonas donde las comunidades reciben tratamiento regular. Tampoco se ha desarrollado ninguna vacuna.

    Las personas que vayan a permanecer un prolongado período de tiempo en un área endémica deben tomar dietilcarbamazina una vez a la semana para reducir el riesgo de infección. Se debe evitar las zonas pantanosas y de umbría de los sitios húmedos, porque es el hábitat más frecuente de los tábanos. Empleo de repelentes insecticidas y uso de prendas de vestir que cubran la mayor parte de la superficie corporal. El tratamiento de la ropa con permetrina también puede ser útil.

    Recomendaciones de la OMS:

    La principal recomendación es la eliminación del mosquito, aunque el control de estos vectores no es del todo posible o rentable a un corto plazo. El método de control de los vectores ha sido mediante el empleo de insecticidas y la vigilancia entomológica de la zona para confirmar su disminución y erradicación.



    Más información, enlaces y bibliografía relacionada:

  • Bockarie MJ, Kelly-Hope LA, Rebollo M, Molyneux DH. Preventive chemotherapy as a strategy for elimination of neglected tropical parasitic diseases: endgame challenges. Philos Trans R Soc Lond B Biol Sci. 2013 Jun 24;368(1623)
  • WHO
  • CDC




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