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Botulismo




Enfermedad causada por la neurotoxina de Clostridium botulinum, bacilo anaerobio esporulado grampositivo, y que se caracteriza por una parálisis flácida. Las esporas de la bacteria son resistentes al calor y se encuentran diseminadas por el suelo y los alimentos. Las cepas de este microorganismo producen ocho neurotoxinas, inmunológicamente distintas, que se denominan con letras mayúsculas A, B, C1, C2, D, E, F y G. De todas ellas, los tipos A, B, E y, raramente F y G, causan infección en el ser humano, mientras que el resto afectan a animales.

Patogenia:

La intoxicación se debe a la ingestión de la toxina botulínica. La toxina penetra en las neuronas y evita la liberación de acetilcolina. El período de incubación varía en función de la cantidad de toxina, y puede oscilar desde 18-36 horas hasta una semana o más. Los primeros síntomas son inespecíficos cursando la infección con cefalea, nauseas y vértigo. Posteriormente, se produce la afectación neurológica con parálisis flácida que puede desencadenar en parálisis respiratoria y muerte.

Epidemiología:

El bacilo se encuentra en casi todas partes en el ambiente. El suelo y los alimentos, especialmente las verduras enlatadas o embotelladas inadecuadamente, la miel y el pescado son sus principales focos de infección. El reservorio principal de C. botulinum es el suelo, pero lo son también el agua y el intestino de los animales. El mecanismo de contagio más frecuente es la intoxicación alimentaria por ingestión de conservas caseras de verduras mal esterilizadas o ingeridas sin cocción previa. La miel o el pescado cocinado inadecuadamente son otros focos de infección. El botulismo de las heridas, forma rara de infección, y el botulismo del lactante, por la ingestión de miel, son infecciones en las que existe una verdadera multiplicación bacteriana del organismo antes de que ocurra la intoxicación. En el adulto, la forma más habitual de la enfermedad es producto de la ingestión de alimentos contaminados. También en pacientes adultos se han descrito cuadros de botulismo por colonización intestinal de la bacteria, favorecida por la alteración ecológica de la flora fecal, en relación con la cirugía y la antibioterapia.

Clínica:

Existen varios cuadros clínicos de botulismo:

a) Intoxicación alimentaria: Se produce la afectación de los pares craneales con estrabismo, diplopia, midriasis con rigidez pupilar, fotofobia, disfagia y sequedad orofaríngea. La diarrea es poco importante y no hay fiebre. El paciente conserva la sensibilidad y el conocimiento. El cuadro va agravándose por la parálisis de los músculos respiratorios, taquicardia y estado de postración. La letalidad del botulismo va a depender del tipo de toxina (la A es la peor), de la cantidad ingerida y de la rapidez en instaurar el tratamiento.

b) Botulismo de las heridas: Aparece a causa de la producción de toxinas por parte de las bacterias de las heridas contaminadas. El cuadro es semejante al alimentario con un período de incubación más largo y puede haber fiebre y no existen las manifestaciones digestivas.

c) Botulismo del lactante: la miel y el jarabe de maíz son alimentos implicados en el botulismo infantil. Se debe a la absorción de la toxina liberada en el intestino colonizado por esporas de C. botulinum. La clínica es muy diversa, variando desde el estreñimiento hasta el síndrome de muerte súbita. El síndrome del lactante fláccido es el más frecuente, y cursa con disminución de la succión, llanto débil, letargo, pérdida del dominio postural de la cabeza. Se produce debilidad muscular y alteraciones respiratorias.

Diagnóstico:

Lo más importante en el diagnóstico de botulismo es el cuidadoso examen de la historia clínica del paciente. Debe existir un diagnóstico diferencial con miastenia grave, poliomielitis y polineuritis ascendente del síndrome de Guillian-Barré. Después, confirmar mediante pruebas especializadas para anaerobios o la detección de la toxina botulínica en los ratones.

Evolución y tratamiento:

Cualquier paciente con un cuadro clínico sospechoso de infección por botulismo debería ser hospitalizado inmediatamente, y tratado adecuadamente ante la posibilidad de fallo respiratorio. En antibioterapia, la penicilina G sería el antibiótico de elección, y el metronidazol su principal alternativa en caso de alergia a los betalactámicos. Los antibióticos no están recomendados en el botulismo infantil o para adultos con sospecha de botulismo gastrointestinal debido a la destrucción de la bacteria en el interior intestinal podría incrementar la cantidad de toxina disponible para la absorción. No obstante, el buen manejo de la infección depende básicamente de la administración de la antitoxina y del apoyo respiratorio.

Prevención y control:

Las medidas preventivas dependen del adecuado control de las temperaturas apropiadas en la preparación de los alimentos y de no administrar miel a los lactantes menores de un año.







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