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Pintura e infección

San Ignacio cura a las víctimas de la Peste

de Andrea Pozzo.

Por el Dr. Alberto Ortiz

Este colosal fresco, ejecutado por la mano del pintor barroco Andrea Pozzo en los últimos años del siglo XVII, supone uno de las representaciones más monumentales realizadas sobre San Ignacio de Loyola. Aparte de su faceta como pintor, Andrea Pozzo destacó también como arquitecto, decorador y teórico en el marco de un estilo barroco tardío. El pintor concibió el encargo como un magno proyecto para idealizar la grandeza y gloria del fundador de la Compañía de Jesús, lo cual no le supuso ningún problema ya que el propio artista se había ordenado sacerdote y había ingresado años atrás en la orden jesuíta. Esta afiliación fue un hecho fundamental para el entendimiento de la obra y la proyección de la fe a través de la imagen de San Ignacio y del núcleo de su predicación.

 San Ignacio cura a las víctimas de la Peste

Pintor: Andrea Pozzo.
(1642-1709). Escuela Italiana.

Título: “San Ignacio cura a las víctimas de la Peste ”.
1688-1690. Iglesia de San Ignacio, Roma.

Características: Fresco.

Por otra parte, la iconografía de la composición no puede considerarse excesivamente original. Este tipo de imágenes, en las que un santo se presentaba como intercesor o auxiliador de una muchedumbre afectada por la enfermedad, se venía repitiendo en la pintura italiana de manera habitual. Este tipo de representaciones se caracterizaban por una parte superior celestial, en la que se encontraba el santo intercediendo ante la divinidad, y una parte inferior, terrenal, en la que se encontraban los afectados. En esta ocasión, San Ignacio, escoltado por una cohorte de ángeles, se presenta a las víctimas de una epidemia, no tanto como intercesor, si no para prestarles protección y consuelo. En el centro de la bóveda se sitúa el santo y a los alrededores diferentes personajes de toda condición y edad imploran la curación de su dolencia.

La representación, sin embargo, no deja claro que la causa de su mal sea la peste. La presencia de bastones y de cuerpos recostados hacen pensar en signos de peste bubónica, con afectación de los ganglios inguinales y femorales, ya que en este tipo de casos el dolor es tan intenso que el enfermo tiende a permanecer con el miembro inmovilizado y usar para sus desplazamientos muletas u otro tipo de utensilios similares. No obstante, no se observa la presencia de los típicos abultamientos o bubones en ninguna de las figuras representadas. Esto nos lleva a una hipótesis por la que la función sanadora del santo no es tanto física, sino espiritual, es decir la curación de una enfermedad del alma. En efecto, San Ignacio se distinguió en su lucha contra la herejía protestante en la convulsa Europa de la Reforma y Contrarreforma de la Iglesia. En sus escritos, condenó la nueva doctrina pregonada por Lutero y Calvino, y se mostró defensor incondicional de las tesis de la Iglesia Católica. En una época en la que las epidemias se asociaban a un castigo divino, no es de extrañar que la plaga bubónica, la enfermedad más temible y devastadora de aquel momento, se identificara con una plaga de “herejía”. Solamente en este marco social y religioso se podría entender esta dicotomía alegórica y narrativa de este tipo de imágenes.

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