Fundación Io

Pintura e infección

Herencia

de Edvard Munch.

Por el Dr. Alberto Ortiz

A finales del siglo XIX aparece en Alemania el movimiento expresionista como reacción frente a las normas burguesas establecidas. Esta corriente se caracterizaba por ahondar en el sentido trágico de la vida y poseer una actitud crítica hacia el orden social dispuesto. En el expresionismo la realidad no se reflejaba de manera objetiva sino a través de la distorsión de las formas y deformación de los rostros retratados. Sentimientos como la tristeza, el miedo, la angustia y el dolor serán el fin de las representaciones como prueba de desesperanza y desconsuelo.

 Herencia

El pintor noruego Edvard Munch será considerado el máximo representante de esta corriente, reflejando a través de su producción pictórica su visión pesimista de la vida. Ya de joven sufrió la muerte de su hermana y de su madre a causa de tuberculosis, desgracias que le marcaron para el resto de su vida. A esto hay que añadirle un carácter introvertido y apocado que fue forjando en él un personalidad melancólica y con una marcada condición de amargura.

Tras sendos viajes a Berlín y París que le servirían para tomar contacto con las últimas vanguardias, se asentó por un tiempo en la capital francesa donde se daría a conocer a través de una exposición en el Salón de los Independientes en 1903. En esta exposición se exhibiría un cuadro de una madre sifilítica y su hijo enfermo que originalmente estuvo colgado con el título de “La Mère” (La Madre), aunque posteriormente sería rebautizado con el título de “Herencia”. La escena nos sitúa a una madre con su hijo en regazos en la consulta del médico. La mujer llora desconsolada mientras repara en la enfermedad que padece el niño, posiblemente fruto de alguna relación ilícita y cuyas consecuencias han resultado fatídicas.

 Figura 1

Pintor: Edvard Munch.
1863-1944. Escuela noruega.

Título: “Herencia ”.
1897-1899. Museo Munch, Oslo.

Características: Óleo sobre lienzo. Dimensiones 141 x 120 cm.

En la pintura se pueden ver la lesiones más frecuentes que se producen en los neonatos infectados por una sífilis congénita. Una ellas es la rinorrea seropurulenta con la aparición de exantemas siméntricos y pénfigo sifilítico con ampollas serohemorrágicas (Figura 1). Generalmente los recién nacidos se caracterizan por presentar bajo peso y la piel suele poseer un aspecto arrugado. Otras de las manifestaciones más características es la aparición de nariz en silla de montar. Esto es debido a una osteocondritis generalizada que produce deformidades en los huesos en los niños que consiguen sobrevivir al año. La prominencia frontal y rágades peribucales son otros síntomas característicos de la infección, aunque se observarán con más nitidez en la infancia y pubertad.

Aunque el cuadro fue recibido por el público y crítica con una mezcla de mofa e indignación, Munch no pareció estar particularmente afectado por la crítica, más bien se tomo el asunto con ironía.
Incluso llegó a escribir a su amigo, el oftalmólogo y coleccionista de arte alemán, Max Linde en los siguientes términos respecto al retrato: “mi niño sifilítico colgado en mi propia sala, obtuvo el mayor éxito de hilaridad. Era como una representación teatral con mucha gente riendo y llorando”. La cuestión es que Munch sentía una especial predilección por los niños enfermos pues en su dolor y su sufrimiento se veía reflejado el suyo propio.

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