Fundación io

Pintura e infección

Tuberculosis

de Fidelio Ponce de León

Por el Dr. Alberto Ortiz

Fidelio Ponce de León (1895-1949) es la figura más destacada del modernismo cubano y uno de los integrantes de la generación que revolucionó la pintura cubana a comienzos del siglo XX, consolidando el arte moderno en la isla caribeña. Su carácter vitalista e independiente le condujo desde joven a abandonar la escuela y a llevar una vida errante por la isla. Recorre los pueblos cercanos a la capital y se gana la vida dando clases de dibujo a niños pobres y pintando carteles para anunciar películas. Posteriormente, el pintor se asentó en La Habana, donde llevó a cabo la producción de sus pinturas más famosas. Su estilo se podría considerar como un “expresionismo intuitivo”. Para esto se valdrá de fuentes de inspiración serán muy heterogéneas. Su pintura es moderna, pero al mismo tiempo insertada en la tradición. Prueba de ello, son las figuras alargadas que con tanta frecuencia aparecen en sus composiciones, al igual que anteriormente los hicieran El Greco en el siglo XVI y, más recientemente en el tiempo, Amadeo Modigliani.

 Tuberculosis

Precisamente, con Modigliani, pintor modernista que tanto le influyó en el desarrollo de su personal estilo, no sólo compartió esa predilección por los rostros alargados y melancólicos tan característicos de sus retratos, sino también la tuberculosis, enfermedad que marcó gran parte de su vida. Hacia 1930, Fidelio Ponce de León enfermó de tuberculosis, dolencia que ya no le abandonó hasta su muerte. El alcoholismo y la vida bohemia que llevaba, agravaron aún más su delicado estado de salud, causando en el artista una percepción de la realidad pesimista y desesperanzada. De hecho, el cuadro titulado de la misma manera que la infección que padecía, es un fiel reflejo de su propia situación personal.

Pintor: Fidelio Ponce de León.
1895-1949. Escuela cubana.

Título: “ Tuberculosis ”. 1934. Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana.

Características: Óleo sobre lienzo. Dimensiones 92 X 122 cm.


El tema de “tuberculosis” impone una impactante atmósfera espectral en la que una meticulosa y sutil gama cromática de ocres, rosas y azules, sobre un fondo blanco, resalta el aislamiento de unos personajes retratados que muestran una combinación de consternación, horror y dolor. Tanto la monja como la niña de trenzas y el hombre que posa su mano derecha en una calavera, símbolo de la muerte, son la viva imagen del desasosiego y del sufrimiento humano. Diferentes signos clínicos típicos de esta patología como caquexia, decaimiento, laxitud o debilidad, se pueden atisbar en este conjunto de pacientes que miran de frente al espectador. La identificación de estos modelos famélicos con temas decadentes relacionados con enfermedad, muerte y religión, son magistralmente resaltados por el pintor debido a su experiencia vital en el sanatorio habanero en el que fue recluído durante la convalecencia de la tuberculosis que padecía.

Finalmente, tras una dolorosa y fatigada carrera por esquivar la muerte, Ponce de León murió en la Habana en 1957. En los últimos años y con el propósito de curarse la enfermedad regalaba sus cuadros a cambio de ampollas de estreptomicina, único remedio en aquel momento para tratar la infección. Sin embargo, los excesos cometidos a lo largo de toda su vida ocasionaron este prematuro final con la única satisfacción de haber pintado lo que sentía: “Pasé por mi vida como un raudo relámpago, teniendo un solo instante de luz: mi obra”.

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