Fundación Io

Pintura e infección

Milagros de los santos médicos Cosme y Damián

de Fernando del Rincón Figueroa.

Por el Dr. Alberto Ortiz

Nacido en Guadalajara en la segunda mitad del siglo XV, Fernando Rincón ejerció el oficio de pintor en Zaragoza, Toledo y su ciudad natal, principalmente en la realización de retablos para parroquias y retratos para particulares, llegando a ser pintor de cámara del rey Fernando el Católico a comienzos del siglo XVI.

 Milagros de los santos médicos Cosme y Damián

Pintor: Fernando del Rincón Figueroa.
(1460-1529) Escuela española.

Título: “Milagros de los santos médicos Cosme y Damián”.
1517. Museo del Prado, Madrid.

Características: Óleo sobre tabla. Dimensiones 188 x 155 cm.

Lo más probable es que el motivo de la operación se deba a una gangrena estreptocócica como se puede observar en la pierna situada junto al cadáver en la parte inferior del cuadro (Figura 1).

La infección posee el aspecto de tener su origen en una fascitis necrosante desarrollada a partir de un traumatismo o alguna lesión cutánea, siendo el agente causante más probable Streptococcus pyogenes, aunque en el cuadro infeccioso también puede existir implicación de otras especies bacterianas como Staphylococcus aureus, bacilos gramnegativos y cocos anaerobios estrictos.

Los órganos afectados suelen ser la dermis, el tejido subcutáneo y la fascia subyacente, no existiendo afectación muscular. La infección progresa rápidamente a celulitis, produciéndose dolor intenso de la zona afectada, trombosis, necrosis cutánea, sepsis y fascitis necrosante con separación de la piel de la fascia necrosada, quedando el músculo viable hasta el punto de poder introducir un objeto a través de la herida siguiendo un plano fascial.

 Figura 1

Entre ellos hay una mujer que también atiende la actividad del profesor. En la época, en España era algo extremadamente raro y difícil que una mujer pudiera acceder a los estudios de Medicina. Cuando lo hacía, debía obtener el apadrinamiento de un médico que guiara sus pasos y que le diera el visto bueno para poder doctorarse, todo ello con el recelo de sus compañeros masculinos. Además, era necesario atravesar toda una maraña de papeleo burocrático, sólo por el hecho de ser mujer. Cabe añadir que la ceguera institucional de la época admitió los doctorados de estas mujeres pioneras, como la barcelonesa Dolors Aleu i Riera (1857-1913), primera doctora en Medicina del país, pero cortó de raíz el problema al prohibir la matriculación de nuevas estudiantes mujeres en sus universidades.

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