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Pintura e infección

Retablo de la peste de 1630

de Guido ReniGiuseppe María Crespi

Por el Dr. Alberto Ortiz

En el año 1630 se declaró una gran epidemia de peste que atacó con gran virulencia al centro y norte de Italia, extendiéndose después al resto de Europa. Bolonia fue una de las ciudades donde la epidemia golpeó más duramente, y las autoridades de la ciudad, preocupadas por los estragos que la plaga estaba causando entre la población, se encargaron en organizar solemnes procesiones y diferentes actos litúrgicos dirigidos principalmente a la virgen del Rosario, y otros santos protectores locales, implorando su intercesión para el cese de la enfermedad. Por este motivo se encargo al pintor boloñés Guido Reni una pintura para que formara parte de las ceremonias celebradas para pedir el fin de la epidemia.

 Retablo de la peste de 1630

Reni se formó en la escuela de los Carracci, creadores del selecto arte boloñés de finales del siglo XVI y comienzos del XVII. Aunque viajó a Roma en 1602, el influjo tenebrista imperante en aquel momento no le influenció notablemente. Reni se decidió por un estilo más decorativo en el que imperan las tonalidades claras, difuminados suaves y elegantes figuras. Sus composiciones más complejas se caracterizan por la sencillez, alcanzando una gran popularidad como pintor de temas religiosos, muchas veces impregnados de una cargante sensiblería.

El retablo es un testimonio visual de los efectos que causó la epidemia en la población de su Bolonia natal. Al igual que otras pinturas coetáneas, el lienzo se puede englobar en el grupo de cuadros distinguidos o caracterizados por su contenido devocional y la función religiosa entorno a la epidemia. En la actualidad, sabemos que la causa de las epidemias de peste se debe a la bacteria Yersinia pestis transmitida por la pulga de la rata negra. Sin embargo, en aquella época, debido a la ignorancia de la causa de la infección y su posterior tratamiento, la sociedad atribuía los orígenes de la plaga a la ira de Dios que se desencadenaba como reacción a los pecados de la comunidad. De esta manera, para asegurar un remedio seguro a la clemencia divina se realizaron este tipo de solemnes representaciones y se organizaron rituales colectivos en los que estas pinturas devocionales fueron mostradas públicamente, constituyendo el estandarte que guiaba la procesión.

A la hora de realizar la composición, Reni se inspira en la fórmula tradicional de una composición jerárquica con una parte celestial y otra terrenal. En la parte superior, la imagen de la virgen con el niño en su regazo, entronizada en un cúmulo de nubes y coronada por dos querubines. En una posición inferior, bajo el arco iris, el conjunto de santos que dirige una mirada de compasión a la virgen. Son los santos patronos de la ciudad de Bolonia. Arrodillados de izquierda a derecha: san Petronio, san Francisco de Asís, san Francisco Javier, y santo Domingo de Guzmán, y de pie san Ignacio de Loyola y con la palma de mártir san Florián y san Póculo.



Este conjunto de santos son el reflejo de la diversa jerarquización eclesiástica, la herencia de la civilización romana e influencia del Papado en la ciudad. Justo debajo, en la parte más inferior de la composición, una vista aérea, monocromática y con un fondo oscuro de la ciudad de Bolonia. Es en esta parte, donde el pintor hace un especial hincapié en la presencia de los habitantes boloñeses que, desde los muros de la ciudad, elevan sus brazos expresando sus miedos y pesares. La partida de los féretros con los muertos transportados en carretas, conducidas por unos hombres vestidos de negro, es la causa de los diversos aspavientos, llantos y gestos de la lamentación (figura 1).

Pintor: Guido ReniGiuseppe María Crespi.
1575-1642. Escuela Italiana.

Título: “ Retablo de la peste de 1630”. 1631. Pinacoteca Nazionale, Bolonia.

Características: Dimensiones: 382 X 242 cm. Óleo sobre lienzo.

 Retablo de la peste de 1630



La mayoría de muertes acaecieron en verano, estando la epidemia controlada a finales de ese mismo año, debido al exterminio y control de ratas y pulgas, agentes transmisores de la infección. En este sentido, la pintura es un documento gráfico muy revelador en la cual se pueden ver los tristes acontecimientos que tuvieron lugar en la ciudad, el estado de la población, las medidas adoptadas para impedir la propagación de la infección y las creencias populares que suelen aflorar cuando se producen este tipo de calamidades. De esta forma, el pintor hace gala de una majestuosa habilidad a la hora de enlazar todos estos elementos, estructurando la obra de arriba abajo, pasando del cielo a la tierra, de la luz a la oscuridad, del colorido a la sombra, del exceso a la sobriedad, de lo gozoso a lo sobrecogedor, y de la esperanza al desánimo. En resumen del idealismo celestial al realismo terrenal. Se podría decir que esta particular visión de las epidemias supone una contradicción entre lo divino y lo humano.

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