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Pintura e infección

Corral de apestados

de Francisco de Goya y Lucientes

Por el Dr. Alberto Ortiz

En 1792, Francisco de Goya, víctima de una enfermedad fue invitado a pasar una temporada en el palacete que poseía la Duquesa de Alba en Sanlúcar de Barrameda. Tras el período de convalecencia, ya recuperado en gran medida de la extraña enfermedad que había padecido, y que le provocó una sordera que le acompañaría el resto de su vida, continuó pintando pero en una vertiente muy diferente de la que había llevado hasta ese momento. Goya había desarrollado su carrera artística al abrigo de una selecta clientela que le había encargado principalmente retratos y algunos temas de carácter jocoso con fines decorativos. Será a partir de este instante, cuando Goya se incline por otro tipo de contenidos en sus lienzos, principalmente escenas de género, aunque con una visión sarcástica y caricaturesca de la realidad, que rozaban en algunas ocasiones lo fantástico, aunque sin olvidar un componente fundamentalmente trágico e incluso desagradable.

 Corral de apestados

Así nacen una serie de dibujos, grabados, y lienzos que el mismo pintor denominará como “caprichos” de la vida real, ya que eran pintados por propio gusto o antojo, y no por encargo de algún cliente. En un primer momento, la intención de realizar este clase de dibujos y pinturas fue la de servir de terapia en su recuperación de la enfermedad, pero con el tiempo, Goya le cogió gusto a estas representaciones, y siguió realizándolas con una magistral destreza, hasta el punto de proporcionarle un perfeccionamiento en su técnica pictórica y un mejor moldeado en un talento que comenzaría a aflorar más intensamente.

Cuando Goya regresó a Madrid, continuó con este tipo de pinturas al mismo tiempo que seguía con los encargos de su exclusiva clientela y que alcanzaba el puestos de primer pintor de cámara. En este contexto, hay que situar “corral de apestados”, lienzo de pequeño tamaño que ilustra los horrores de un grupo de enfermos en el cavernoso y frío interior de un hospital, donde la gente muere y sufre en masa a causa de una epidemia. Hombres, mujeres y niños muertos o moribundos, apilados y amontonados en la abovedada sala son víctimas de la soledad y del más triste de los abandonos.

La magistral composición del pintor nos presenta a los afectados a lo largo de un primer plano dispuestos en una atmósfera opresiva y atormentados en una tragedia personal por el sufrimiento físico y emocional al que están siendo sometidos. Estos sentimientos se agudizan cuando las personas, que intentan ayudar a los enfermos dándoles de beber y ofreciéndoles consuelo con sus cuidados, se tapan la nariz para soportar el pestilente hedor que desprenden unos cuerpos desaseados o en descomposición.

Pintor: Francisco de Goya y Lucientes.
1746-1828. Escuela española.

Título: “ Corral de apestados”. 1798-1800. Colección particular, Madrid.

Características: Dimensiones: 32 X 57 cm. Óleo sobre lienzo.

De la obra parece desprenderse un infinito pesimismo por el destino de los enfermos. La causa de la epidemia se desconoce, pero como solía ser habitual, a los afectados se les aparta y se les confina en un lugar lúgubre y sórdido donde su único contacto con el mundo exterior es el ventanal a través del cual penetra la luz. Sólo se atisba aislamiento e incomunicación, aunque en parte paliada por aquellas personas que de manera altruista arriesgan su salud para atender a los contagiados. Este acto generoso hacia los demás, constituye el único ejemplo de esperanza ante el desaliento y la consternación que parece invadir toda la escena.

De esta forma, lo que a nosotros nos parece normal, a una persona con esta enfermedad le puede ocasionar un gran esfuerzo. Es lo que parece desprenderse de la pintura al contemplar la conmovedora pose de la protagonista de la escena sentada en el prado. El terreno se hace inmenso y la distancia para alcanzar la casa parece enorme. Es un ejercicio pictórico donde el dolor y la angustia de la persona enferma son tratados con una exquisita sensibilidad, evitando en todo momento una recreación de la desgracia. La dolencia no se presenta como un obstáculo infranqueable, sino que se transforma en una prueba a superar para vencer la adversidad.

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